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      Francisco Gomez de Quevedo y Santibañez Villegas (nombre completo), nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580, y falleció el 8 de septiembre de 1645. Fue un escritor español prolifero, político, y noble pues tenia el titulo de Señor de La Torre de Juan Abad y Caballero de la Orden de Santiago.

    

     Cuando Francisco de Quevedo al hacer testamento, aparte de sus dos amigos don Florencio de Vera y Chacón y don Francisco de Oviedo, designa como albaceas y testamentarios “a los excelentísimos señores duques de Medinaceli y Alcalá y al duque Güesca...”(1), el primero es llamado duque de Alcalá en la correspondencia de Quevedo desde la muerte de su esposa Ana Maria de Luisa, V Duquesa de Alcalá. El segundo, marques de Villanueva del Río y Duque de Alba, aparece con el titulo de Duque de Huescar, propio de los primogénitos de la Casa de Alba y que empezó a usar doña Antonia Enríquez de Rivera desde su matrimonio don Fernando Alvarez de Toledo, hijo mayor del V duque de esa casa. Y que refleja una amistad cuando se refiere a el con cierta familiaridad cuando en mayo de 1636 escribía desde Madrid: “ Aquí llegó ocho días hace el marqués de Villanueva de Río, y estando yo en mi posada anteanoche, se entró por la puerta solo sin criado alguno; es un muy notable señor. Díjome ayer, que fui a verle, que el Almirante hacía como que iba contento, siendo así que no lleva en su patente nada de lo que se ha dicho; y de otra persona, que yo diré a vuecelencia, supe que estaba dado de diablos”(2).

        Durante algunos años y en mis labores de investigación sobre la historia de Villanueva del Río, me encontré por casualidad algunos documentos sobre las luchas de poder que existían en la época de los Austria Menores durante la decadencia española. En los que se hablaba de la amistad de Quevedo y el Marqués de Villanueva del Río y que a continuación expongo:



     Las luchas de poder y el refugio de Quevedo en Villanueva del Río. Don Francisco de Quevedo y Villegas (nombre abreviado).

     Esta trayectoria así como su preparación para literatura hace que el estilo barroco nazca de la unión entre el conceptismo y el estilo lacónico o “cortado”, en cuyo periodo formativo Quevedo y Gracián son los dos mas grandes escritores que utilizaron este estilo y que enlazan con un conjunto de poemas dedicados “Lisi” que se encuentran en la sección segunda de la musa cuarta, de Erato, según dispuso el editor José Antonio Gonzalez de Salas para el Parnaso Español en 1648, siguiendo una disposición del propio Quevedo antes de su muerte el 8 de septiembre del mismo año. Este ciclo lo componen un total de setenta poemas, todos ellos sonetos, excepto tres idilios, un madrigal y una composición en redondillas. Escritos según parece entre 1623 y 1645, formando una especie de cancionero de amor donde se encuentran varios de los poemas mas humanos de Quevedo y algunos de los más celebres y conocidos, L. Astrana apuntó a una dama sevillana llamada Luisa de la Cerda, aunque también cabe la posibilidad de que fuese la hija del Marques de Villanueva del Río durante su refugio en la casa del Marqués, aunque no se otorgó ningún nombre seguro, siendo así que escribe:


Si mis párpados, Lisi, labios fueran,

Besos fueran los rayos visuales

De mis ojos, que al sol miran caudales

Aguilas, y besaran más que vieran.

(495,vv.1-4)

    En este soneto Quevedo hace que sus sentidos de reclamen un goce físico de Lisi, paralelo al más sentido erótico de su poesia y que expresa el deseo interior carnal del yo poético, totalmente barroco, donde lo sexual prácticamente no existe, donde no busca el placer temporal ni la continuidad de la especie, busca el placer eterno y la continuidad de si mismo, sabedor posiblemente de la imposibilidad de acceder a escala social mayor.


     En este estado de cosas las relaciones de Olivares con Quevedo fueron generalmente buenas, sin ser excelentes, y que a pesar de su permanente y fiel vinculación con el grupo de los Sandoval, el conde-duque lo tolera, le encarga trabajos y su esposa es la destinataria de la famosa carta sobre los sentimientos de Quevedo acerca de una posible esposa en la que  declara “Yo Señora, no soy otra cosa sino lo que el Conde mi señor ha deshecho en mí, puesto que lo que yo me era, me tenia sin crédito y acabado; y si hoy soy algo, es por lo que he dejado de ser, gracias a Dios nuestro Señor y a su Excelencia”(4) y gracias al conde duque de Olivares, recuperó el favor real y fue nombrado secretario de estado.

Sin embargo su oposición a que Santa Teresa de Jesús fuera nombrada copatrona de España (junto a Santiago, por tanto) le valió la desconfianza del Conde duque de Olivares y pronto, en 1639 la pena de prisión. En 1643 fue puesto en libertad y se retiró de la corte para vivir definitivamente en Torre de Juan Abad, su señorío.


     En sus poemas reflejó perfectamente el pensamiento barroco. La desilusión y la melancolía están en su obra tan presentes como la sátira y la burla.

Escribió además de poemas, tratados políticos, como la “Vida de Marco Bruto” (1632-1644), obras ascéticas y morales, crítica literaria... y relatos satíricos como la “Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos”(1626).


  1. 1.Obras de Quevedo, edición Felicidad y Buendía, Verso-Madrid 1960.p.1097ª y 1000b.

  2. 2.Epistolario de Quevedo-p.381

  3. 3.Marañón,, G.: op. Cit., p.135

  4. 4.E.-p-246

  5. 5.ed. Sancha, tomo IV, pag.441.


Antonio Céspedes


Artículo publicado en el libro de feria del año 2012

     A través de estas notas, se observa una relación de Quevedo con la mas rancia nobleza andaluza de la época y que esta relación y su amistad con el duque de Osuna que fue su mecenas durante toda su vida, hizo que estuviese incluido dentro de la órbita de las familias Téllez, Guzmán, Medinaceli, todas ella emparentadas por matrimonios entre si y que se oponían al Conde-Duque de Olivares por ser este como se conoce ahora “un trepa”. Si bien este, interviniendo en la prisión de Quevedo porque era su obligación, que no por venganza personal, y que quizá por alguna razón de estado que se desconoce e imposible de averiguar. (3). Habida cuenta el fracaso de la conjura para la independencia de Andalucía, el Conde-Duque se permite ser magnánimo con el duque de Medina Sidonia, cabecilla de la rebelión, combinando severidad en el destierro con el perdón de la vida cuando Olivares puso las cosas en su sitio.

    

     Cuando el 2.X.X1618 el Cardenal-Duque de Lerma cae en desgracia y es desterrado a Valladolid, su sustitución por el Duque de Uceda no mejora la posición de Osuna, y Quevedo debe abandonar Nápoles para España, acabándose su carrera política al caer estrepitosamente su protector el Duque de Osuna, haciendo que Quevedo se refugie en casa de su cuñado el Marques de Villanueva del Río, hasta que mejorasen las cosas ya que la conjura surte efecto al prestar oídos Madrid a las falacias de Venecia: Bedmar es destituido y Osuna acusado de ambicionar el trono napolitano. Sin que pudieran ser plenamente demostrados estos cargos, la independencia del virrey a la hora de actuar  y su evidente valía y ambición le hicieron sospechoso a ojos del Rey y fue llamado a Madrid en 1620. Allí, Osuna, suspendido en todas sus funciones, debe responder a las acusaciones de traición ante el Consejo Real, pero al sentarse en el banquillo su caída es inmediata, aunque al no prosperar el “caso”, seria rehabilitado poco después. A pesar de que el Conde- Duque de Olivares cuando inició su gobierno, su primera medida fue separar del poder a todos los personajes que habían estado en con los validos de Lerma y Uceda, condenando con castigos ejemplares los abusos del reinado anterior, además de situar en sitios estratégicos a sus propios parientes y amigos.

     Con la muerte de Felipe III en marzo en 1621, y la entronación de Felipe IV, se produce un cambio de Gobierno al ceder este las riendas del poder a Olivares, quien empezó  a arremeter contra la aristocracia, y concretamente contra los duques de Osuna y de Alba. El 7.IV.1621, Osuna es arrestado y llevado al castillo La Alameda, nombrando Felipe IV una junta para procesarlo a la vez que la esposa del duque, Doña Catalina Enríquez de Ribera, marquesa de Villanueva del Río, enviaba, desde Nápoles, un memorial al monarca, lavándole de toda culpa; un gran gesto en vano.


El III Conde de Olivares empezó a llamarse Conde-Duque de Olivares desde que se le concedió el Ducado de Sanlucar en 1625. A su muerte, el titulo de Duque de Olivares fue desglosado del Duque de Sanlucar.

     Finalmente, las guerras de Portugal y Aragón y la conspiración andaluza, terminaron derrotando al Conde-Duque de Olivares el 17 de enero de 1643. Cuando el poder, para morir poco después, su sobrino don Luis Méndez de Haro y Guzman, heredó parte de su patrimonio y la privanza real.


    En 1621, Quevedo publicó las comedias “Las Grandezas de Alejandro” y “Lo Prados de León”, dedicados al Duque de Alba Antonio Alvarez de Toledo y a su hijo el Duque de Huescar don Fernando Jacinto Alvarez de Toledo, su amigo, que en 1612 había celebrado su boda con doña Antonia Enríquez de Ribera hija del marques de Villanueva del Río, dedicándole un sentido “Epitalamio” en cuyo fragmento:


“Tal vos, Alva dichosa,

hijo del sol. clarísimo Fernando,

en cuya luz hermosa

la luna de Mendoza está mirando

su más claro horizonte

los rayos de Toledo y de Belmonte”(5)