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Lora del Río,4,1993,pp.77-13.
Genaro Chic García
Catedrático de Historia Antigua
Universidad de Sevilla


      CONVECINOS EN LAS TIERRAS DE LORA DEL RÍO. REFLEXIONES EN TORNO A UNA NUEVA INSCRIPCIÓN AXATITANA DE ÉPOCA ROMANA


      Hace algunos años un alumno, Doctorado en la Universidad de Sevilla, Don Luis Miguel Carrasco Blanco, puso en nuestro conocimiento la existencia de inscripciones antiguas recogidas en el área de Lora del Río y que no carecían de interés. La llamada de otras ocupaciones hizo que tuviésemos que aplazar continuamente el momento de prestarles la debida atención, pero hoy la invitación que la misma persona nos hace ahora con su condición de Concejal Delegado de Educación del Exmo. Ayuntamiento de la ciudad para participar en la Revista de Estudios Locales, nos recuerda nuestro deber de gratitud no solo a su persona, sino hacia la ciudad misma donde el padre de quien escribe vio la luz y que guarda en su seno los restos mortales de la abuela.

      En el momento histórico en el que vamos a fijar nuestra hoy nuestra atención no es otro que un pequeño fragmento de losa caliza cuyas dimensiones máximas de 12 cm de anchura y 14,5 cm de altura. Contiene escritura distribuida en tres lineas en que las letras tienen una altura bastante uniforme de 3 centímetros. En la parte inferior existen indicios de tres letras, de las que solo se han conservado los extremos superiores, su contenido literario es el siguiente:



Inscripciones en el fragmento de losa al que se hace referencia


CONVICINI

QVIDEM
VSSE

VRI(?)




     De este pequeño fragmento, que se encuentra hoy en una colección privada loreña, lo ignoramos prácticamente todo a excepción de que ha sido encontrado en el área de la ciudad. No obstante de las dos palabras completas que subsisten una de ellas, la primera, merece un detenido comentario, dada su rareza epigrafía latina. En efecto, solo nos es conocida, y no en la forma CONVICINI si no en la de CONVICANI, en la parte occidental del Imperio Romano en un epígrafe sepulcral de Geneva hoy(Ginebra, en Suiza) y en la oriental en una inscripción tracia de Pautalia que recoge una transcripción realizada 238 de un documento registrado en el libro de los memoriales de rescriptos (liber libellorum recriptorum) del emperador Gordiano y cuyo encabezamiento y conclusión fueron redactados en latin.


     Tanto convicinus con convinus significan lo mismo: la persona que comparte su vida con otra en el marco de un vicus. Pera aquí comienzan las dificultades para entender a que tipo de aglomeración humana hace referencia nuestra inscripción, pues aunque en origen la palabra solo tiene el sentido de “Los que comparten una misma morada” (Oikos en griego), esta puede terminar quedando englobada en un marco urbano, en cuyo caso vicus toma el sentido de barrio o distrito dentro de una ciudad, y su existencia se manifiesta sobre todo como no podía ser de otro modo en un mundo regido por el razonamiento mítico bajo la forma de comunidad religiosa. Esta forma humana del vicus la tenemos perfectamente atestiguada en la no muy lejana ciudad de Córdoba (Corduba)3 y es la única completada en la Lex Imitana, que Municipalis, compartia desde fines del siglo I por Axati (Lora del Río) y Arva (el vecino lugar de Peña de la Sal) como norma general de los respectivos municipios. Que pues en pie la posibilidad de que la antigua Axati, si es de este punto de inscripción, o tal vez en otro caso la vecina Arva, se encontrasen en varias circunscripciones censuales y administrativas internas, auténticos distritos municipales de comienzos de nuestra era cronológica cristiana.



     Pero con mas frecuencia los vinci han de ser entendidos con la aldea que se diseminan por el territorio de una civitas (entendida esta por una organización estatal con vida propia, de que con frecuencia una urbs o urbe es su cabeza) y de las cuales pueden tener un derecho de jurisdicción que las convierte en prefectura. Su carácter abierto, permitía que con la mayor frecuencia se las pudiera considerar fora, osea campos de feria al amparo de un santuario o simplemente de una excelente posición como encrucijada regional; de todas formas, hubiese o no intercambio de bienes, la presencia de un santuario podía determinar de cualquier modo el carácter de conciliabula o centros de reunión de estos lugares. Carente de murallas, el vicus se diferencia por ello del castellum o del oppidum, de mayor dimensión y posiblemente  diversa funcionalidad, y en todo caso se completa como centro o al menos como posible subdivisión de una entidad territorial mayor, a lo que los romanos denominaron pagus. Sabemos que es así como se denomina a la circunscripción  rural de la civitas  en el relativamente próximo territorio cercano a Ecija, que como es sabido era una colonia de la época de Augusto (colonia Augusta Firma Astegi), donde tenemos atestiguado un pagus Singliensis hacia la altura de la actual ciudad de Herrera, aguas arriba en las proximidades del Genil (antiguo Singelis). L.A. Cuchin, en un reciente trabajo, ha llegado a la conclusión, tras un exhaustivo análisis de las fuentes referentes a vici y pagi hispanos, de que los pagi cuyo testimonio es altoimperial, son un fenómeno de nomenclatura romana que solo se da en las zonas mas romanizadas, como pueden ser la región Mérida el valle del Guadalquivir o el bajo Ebro. Pero se denominan de la misma manera todas las circuscripciones del valle del Guadalquivir. ¿No se habras exagerado mas de lo justo el carácter urbano de esta zona antes de la colonización Augusta?


El propio Churchin señala en el citado trabajo que aún en nuestros días se pueden encontrar en el norte de Africa comunidades que carecen de verdaderas aglomeraciones urbanas sin que ello impida que tengan algún tipo de gobierno municipal. Por nuestra parte hemos señalado recientemente como muy posiblemente Munigua, a no mucha distancia del lugar que estudiamos, se convirtió municipium flavium sin alcanzar dicho carácter urbano, como muestran tanto la epigrafía que se reduce a poco mas a un enorme centro religioso ceremonial. Así pues creemos que ha llegado el momento de replantearnos desde otra perpestiva una vieja inscripción arvense que nos ofrece el siguiente texto.


Q(uinto) - FULVIO - Q(uinti)

FULVI ATTLANI F(ilio)

Q(uinti) - FILVI - RVSTICI N(epoti)

GAL(eria) - CARISIANO

PATRONO - ET-

    PONTIFICI OB - ME

RITA - CENTVRIAE 

ORES MANES  

HALOS - HERQVES

BERES - ARVABORES

ISINES - ISVRGVT

IN LOCVM QVEM ORDO M(unicipium) M(unicipii)

F(lavii). A(rvensis). D(ecrevit).POSVERVNT. D(ecreto). D (ecuarionum)




    A Quinto Fulvio Carisiano, hijo de Quinto Fulvio Atiano, nieto de Quinto Fulvio Rustico, de la tribu Galerianam patrono de pontifice, por sus merecimientos las centurias Ores, Mane, Halos, Erques, Beres, Arvabores, Isines, Isurgut(es) colocaron este monumento según decreto de los decuriones en el lugar que el ordo de los minícipes del municipio de Flavio Averse ha decretado.


    Fulvio Carisiano en el nombre de dos distribuidores oficiales del aceite ético (difusores olearis) controlado por el servicio de abastecimientos de transportes de Roma (Annona) que trabajaron hacia 179-180 a juzgar por la posición (K) en el Testaccio del ánfora sobre la que se encontraron escritos sus nombres, estos aparecen en sociedad con otro miembro de la misma familia: Fulvio Rogato. En cuanto a su padre Fulvio Atiano, tal vez pudiera verse igualmente reflejado en la epigrafía anfórica si es concreta su identificación con el personaje que se oculta tras la marca QFAT  hallada en verulamium que a su vez es posible relacionar con la estampilla QFA, hallada en Arva por M. Ponssisch, aunque también cabe la posibilidad de que oculte a otro miembro de la familia, QFALB “L.B. unidas”  hallada en Nida. Algo similar se puede decir  de fulvio Rogato, a quien en opinion de J.Remesal, correspondería la marca Q.F.R. hallada igualmente en las ruinas de un alfar de la misma ciudad. Así pues dadas la múltiples posibilidades de relación con el mundo del aceite que existen entre los personajes del pedestal arvense, no parece disparatado considerar a unos de los hermanos Fulvii Carisii como el homenajeado por las centuriae. ¿Pero que eran estas?


    H.d’Escurac-Doysi entiende que estas centurias no son si no asociaciones de pequeños propietarios que se unen para hacer una declinación común a su patrono, el referido Q.Fulvio Carisiano y que el termino solo designaba el modo de reparto de sus lotes de tierra, en linea con lo expuesto por Higino en su De condicionabus agrorum, in provincia quoque Narbonense variasunt bacabulla alii appellant libram, alii paralelam: in Spania centurias. Y la verdad es que el paralelo - no establecido por la autora- de una inscripción de Sétif publicada por P.A. Février, en la que unos cultores et possessores conjuntamente elevan una dedicación al Genio decumanae, podria darnos que pensar en ese sentido al evocar la palabra decumana (un grupo de tierras separadas por la decumani de la centuriación o grupos de diez lotes tenidos por los possessores. El problema estriba en que si bien es este caso se puede ligar el echo con una deducción de veteranos en la Colonia Nerviana Augusta Martiallis veteranorum Sitifiensum no se puede decir lo mismo en el de la inscripción arvense, pues tanto las tierras de Arva como las de las ciudades vecinas - entre ellas Axati - pertenecia a comunidades que habían accedido a la categoría jurídica de municipia latina desde una existencia previa peregrina y no cabían en principio los repartos de parcelas propias del establecimiento de una colonia. Así pues, aunque podamos admitir que sean possessores los representados por las respectivas centuriae no parece factible hacer lo mismo con el significado de esta palabra en el sentido expresado. Otra explicación es la propuesta  P. Saez Fernandez a partir de los nombres claramente preromanos que exhiben las citadas centurias.


    Para este autor la desinencia - es de estas unidades que implica una designación étnica, de carácter céltico (recuerdese el topónimo de la vecina ciudad de celti, hoy Peñaflor). En principio no serian sino gentilitates o fracciones de tribus. De echo se ha venido admitiendo durante mucho tiempo que en las inscripciones del N.O. de la Península existe identidad entre gentilitas  y centuria. F.J. Lomassintetiza el carácter de estas señalando familiares amplias que compartían rasgos comunes, a las que unían vínculos estrechos por medio de un antepasado que era común a todas y cada una de estas agrupaciones, a las que dábamos el nombre gentilicia . Pero como señala Sáez  “ al tomar contacto estas centurias o grupos gentilicios con el mundo entero romano, fueron perdiendo poco a poco identidad gentilicia para adaptarse al fenómeno urbano que los conquistadores aportaban”, transformandose así al antropónimo que designaba a la centuria o el grupo gentilicio en un étnico que deviene en topónimo.


    Estimamos que pocas objeciones se le pueden hacer a esta explicación de nuestro colega, sobre todo si consideramos que la evolución del termino pagus fue similar, a juzgar por los estudios que para el caso galo realizó a comienzos de este siglo. C. Jullian. Para esta investigación el pagus tendría unas dimensiones superiores  a la gens romana y seria “seria, en su origen, un conjunto de familias ligadas por lazos de sangre, de tradición o de vecindad, y que formaban la rama de un gran pueblo”. Unida a otras constituían una civitas, un estado, pero no por ello carecían de independencia real, de tal forma no podía separarse y dar origen a un estado distinto. Cuando actuaban conjuntamente, cada uno de los pagi o corii constituía una unidad de combate y tenia su propia enseña. Cada uno también podía tomar sus propias resoluciones u seguir a sus propios jefes, de tal forma que cuando actúan conjuntamente, en el marco de una formación estatal superior, pueden seguir a uno o varios jefes coordinados, según los casos, y tener una o varias capitales. “El pagus-nos dice Julian- es la agrupación primordial y natural, la ciudad o civitas es la agrupación artificial y ocasional: con ello quiero dar a entender que se trata de una agrupación de guerra o mercado, resultante de la reunión de varios pagi en una federación continua. A veces los pagi llevan los nombres de quienes los han guiado en la conquista de sus dominio, transformandose en etnicos que terminan ligados a un terreno o “pis”(palabra derivada de pagus). Esto sucedería fundamentalmente con la denominación romana, que tendió a fijar a cada pagus en un cantón municipal.


    Aunque entendemos que el fenómeno debió de ser algo mas complejo, pensamos que nos puede dar una idea aproximada de lo que pudo haber sucedido en esta región. Um pueblo, estructurado gentiliciamente en fracciones y subfracciones, se puede haber repartido por unos territorios concretos que a su vez pueden tener uno o varios núcleo de habitación (los visi) que en ocasiones estarían fortificados y podrían alcanzar un caracter dominante (castella). Es bastante posible que el papel desarrollado en Italia32 o la Galia por los pagi lo fuese aquí en una etapa prehurbana, por los centuriae. La consolidación de la civitas - que no exige necesariamente en todo caso la existencia de un núcleo urbano- vendría después como resultado de la asociación de diversas centurias en torno a una de ellas, en un proceso similar al estudiado en Grecia por M.B. Sakellariou para las federaciones de demoni o de mere que terminan dando paso a un apolis. Parece caber poca duda acerca de que el dominio romano, sobre todo desde el momento en que se preocupara no solo de la explotación sino también de la administración del territorio, debió de influir poderosamente en la evolución del proceso, pues como señala J.Santos, “parece casi imposible, al menos por lo que atisbamos hasta el presente, que se dejaran territorios o grupos de población sin ser integrados en la estructura político administrativa romana aunque la civitas no tuviera necesariamente un centro urbano, como entendemos que podría haber sido el caso de Munigua.


    En los márgenes de un río como el Guadalquivir, sometido a un intenso trafico desde comienzos del Imperio, el proceso urbanizador debió verse especialmente favorecido y el de territorialización de las antiguas unidas organizativas gentilicias completado, aunque conservase el nombre tradicional tanto en estas unidades tradicionales como en las urbes - convertidas desde finales del I D.C. en municipia iuris latini-, tales como Axati, Arva, Canania o Naeva. Es muy posible, pues, que la política flavia de municipalización de esta zona determinase la estructuración territorial de la misma forma similar a como se había echo con anterioridad - siguiendo modelos importados de Italia- en aquellas otras donde se habían establecido colonias de ciudadanos romanos, aunque ahora se respetase en la medida de lo posible la tradición indígena dado que lo que se hacia no era establecer nuevas comunidades sino transformas las existentes.


    Por tanto cabe igualmente la posibilidad de que los convivini, a que hace referencia desgraciadamente fragmentaria inscripción loreña que comentamos, impliquen la existencia de algún vicus o aldea de las que sabemos que solían darse en los distritos territoriales de las ciudades, a los que en el marco de la vecina colonia Astigitana se denominan pagi, y que aquí coservasen la tradición indígena en sus nombres de centuriae.  Como en la Galia la introducción de nuevas formas de explotaciones del suelo, con la división del mismo en funfi, como en la citada inscripción de Tracia, también compressessores, en la linea marcada por H.Pavis d’Escurac-Doisy.


    Finalmente queremos dejar apuntado que seria del mayor interés investigar porqué un presunto diffussor olearius (Q. Flavius Carisisanus) es honrado en Arva como patrono por unas serie de circunscripciones territoriales que actúan conjuntamente y mostrando una personalidad definida a fines del siglo II, porque tal vez nos podría poner en la pista tanto de una mayor precisión de la figura de este tipo de personajes como de la organización fiscal, con lo que nos acercaríamos a una mejor comprensión del poblamiento rural al que una inscripción como esta que hoy hemos considerado someramente muy bien pudo representar. Las limitaciones de espacio y tiempo nos impiden en este momento, pero habrá que insistir sobre ello.

 

Revista de Estudios Locales