Galería/Villae Naevae

Asociación Villae Naevae

Web no oficial de Villanueva del Río

Ruta Jacobea Camino de la FronteraRosa_Maria_Garcia_files/plantilla%20ruta%20jacobea%20camino%20de%20la%20frontera%206.pdfshapeimage_4_link_0
ObjetivosOBJETIVOS.htmlOBJETIVOS.htmlshapeimage_5_link_0
TrabajosTRABAJOS.htmlTRABAJOS.htmlshapeimage_6_link_0
PueblosPUEBLOS.htmlPUEBLOS.htmlshapeimage_7_link_0
Inicioindex.htmlindex.htmlshapeimage_8_link_0
Encomienda Santiaguista de Villanueva del RíoRosa_Maria_Garcia_files/justificacion%20escudo%20encomienda%20santiaguista.pdfshapeimage_9_link_0
ContactoCONTACTO.htmlCONTACTO.htmlshapeimage_10_link_0
VídeosVIDEOS.htmlVIDEOS.htmlshapeimage_11_link_0
EnlacesENLACES.htmlENLACES.htmlshapeimage_12_link_0
GaleríaGALERIA.htmlGALERIA.htmlshapeimage_13_link_0
 

      Me parece a mí, que los nidos de las golondrinas son de harina tostada, así, las tardes de verano, mientras los niños duermen la siesta, me siento en la acera, donde ya la sombra dibujaba dos mitades en los muros (una azulada y la otra de oro), a mirar los nidos que se alinean en el alero del tejado. Los pájaros van y vienen con una prisa que forma garabatos, a negros trazos como en un pentagrama, se quedan sus giros y la música de sus alas en el aire caliente y dulzón de agosto.

Volcán de canela el nido de la esquina, porque el viento lo tiñe con el polvo de la era, rubor de trigo al barro, pone la golondrina en su casa.


Acicala sus plumas al borde del agua en la acequia, cuando nadie la ve, ni siquiera yo, porque aunque desde aquí se oye el ruido del agua, el regajo está calle abajo, al filo del campo.Viven en la orilla los juncos, la retama, campánulas moradas, blancas, rojas, de redondas semillas con las que haré en otoño, collares, pulse
ras y ajorcas…. Para entonces, ya se habrán ido las golondrinas, se quedará la ausencia colgada del barro sin el sabor a harina tostada y a canela de mi calle empedrada.


Pero eso será mas tarde, cuando se vayan borrando las siestas, cuando la verde sombra de las moreras se desnude y el sol se acueste temprano.

Ahora no, ahora los ladrillos de la acera arden a las cinco de la tarde.


El canto de las golondrinas rebota bajo el arco del zaguán, gritan como un ejército asustado

Vuelan casi pegadas al suelo y de repente, como si se desdoblaran, llegan alto, a cielo abierto, en segundos.

Con tesón construyen una fortaleza de adobe, milimetrado traje para gustar a la primavera, enamorar al verano, y preñar de azul plumaje los alambres de la cerca del huerto.

Miran al sur del sur, trazando itinerarios de otoños.

Su prisa contrasta con el lento discurrir de mis horas, tanto silencio, soledad tanta…

Mientras el tiempo se para entre las cuatro y las seis, yo descifro el vuelo de las golondrinas, dejando la puerta abierta a la migración de los sueños.

Con las manos extendidas sin aprisionar la libertad de la una y de los otros….


Ya se que los niños vendrán pronto, que sonará el látigo de la comba y asustará a las golondrinas, que tendré que apagar mis cavilaciones y hacer lo que se supone que debo… baldear la puerta y sentarme en la mecedora, cadente, buscando la complicidad del abanico para engañar al aire que quema, aún después de atravesar las morunas callejuelas desde el río hasta mi casa.

Casi de noche se aleja el griterío a las cocinas, a los patios recién regados, a las azoteas para dormir al raso, a las alcobas donde el amor vive… o muere.


El búcaro guarda, como yo, tras la apariencia serena, el fracaso de lo esperado.

 

"Migración" Primer premio de relato en Romanillos de Medinaceli
Soria. agosto 2009

Rosa Maria García